
Mayo acompañó con condiciones ideales para entrar a los campos, pero la humedad justa en el momento clave generó nacimientos desparejos; la carinata quedó lejos de su potencial por el retraso del plan comercial.
Mayo fue un mes bisagra. Las condiciones climáticas fueron ideales para la siembra de brásicas —canola, carinata y camelina— y todo aquel que quería sembrar tuvo la ventana para hacerlo. “Las sembradoras pudieron entrar sin problemas y el área total de canola se encamina a unas 380 mil hectáreas”, dijo a Bernardo Tisnés, de Nufarm Uruguay, a Informe Tardáguila.
Donde el balance es más agridulce es en la carinata. La intención de siembra que había a principios de año era muy grande —el doble de lo sembrado la zafra anterior— pero el plan comercial salió tarde y eso recortó fuertemente lo que finalmente se concretó.
El área estimada quedaría entre 7.000 y 8.000 hectáreas, muy por debajo de lo que se proyectaba al cierre del verano. “Es agridulce”, reconoció Tisnés. “Pero siendo que el plan salió tan sobre la hora, hicimos un buen trabajo de llegar a aquel productor que todavía tenía intención y no había sembrado”.
Al cierre del relevamiento había incluso algunos productores terminando de sembrar sus últimas bolsas esta semana.
Sembrar bien no fue lo mismo que implantar bien
El clima permitió entrar a los campos, pero no garantizó una implantación prolija. La humedad estaba muy justa en el momento crítico, lo que generó que algunas semillas quedaran sin contacto suficiente con el suelo. El resultado fue nacimientos desparejados a lo largo del mes, con plantas de distintas edades conviviendo en la misma chacra.
“No es la situación ideal para la toma de decisiones de manejo y aplicaciones”, admitió Tisnés, aunque aclaró que tampoco derivó en pérdidas importantes de plantas por exceso de agua. “No es Disney, pero tampoco está tan mal”, aclaró.
Hubo resiembras puntuales —algún exceso de agua a mediados de mayo en zonas acotadas, algún problemita de heladas— pero nada generalizado ni comparable a lo que ocurrió en otras zafras difíciles. La implantación despareja es el principal desafío de manejo que deja este arranque, más que las pérdidas en sí.
Con los cultivos con menos de un mes implantados al momento del relevamiento, Tisnés fue cauto en las proyecciones de desarrollo. “Todavía es temprano”, cerró.