
La irrupción del diente de leche ya es un hecho: nunca se habían faenado tantos novillos tan jóvenes en un primer semestre. Con el 2-4 dientes empezando a crecer a medida que avanza el año, la expectativa es que 2026 termine siendo el año de faena de novillos más joven que registre la serie.
En el primer semestre, la faena de novillitos diente de leche representó el 14,4% del total de novillos. Es el registro más alto desde que existe el dato mensual por dentición, muy por encima del máximo anterior, el 11,5% de 2023. En cabezas ocurre lo mismo: 73.570 novillos diente de leche faenados en el semestre, un récord que supera las 68.886 cabezas de 2021.
La generación de terneros nacida en 2023 quedó diezmada por la seca: el conteo de junio de 2024 registró 2,62 millones de terneros, la menor cantidad desde 2010. La generación nacida en 2024, en cambio, marcó un récord histórico: 3,07 millones de terneros en la declaración de junio de 2025, el registro más alto de una serie que arranca en 1974, por encima incluso del pico de 2020. Entre una zafra y la otra hubo un salto de 450.000 terneros.
Esa generación abundante nacida en 2024 es la que hoy está llegando a faena, primero como diente de leche —de ahí el récord del primer semestre— y, a medida que cumple meses, como 2-4 dientes.
Ese relevo generacional es lo que viene. Los animales que hasta hace unas semanas engrosaban la categoría diente de leche empiezan ahora a pasar al escalón siguiente. Y el dato ya asoma: la faena de 2-4 dientes, que venía cayendo mes a mes en la comparación interanual, se dio vuelta en junio, con 44.116 cabezas frente a 41.932 un año atrás. Es el punto de inflexión que anticipa un segundo semestre con un 2-4 dientes creciente y, sobre todo, joven.
Para medir la edad de faena en su conjunto conviene resumir las cuatro categorías de dentición en una sola edad media ponderada. En ese índice, el primer semestre de 2026 arroja 28,2 meses. A primera vista parece quedar por encima de los años completos de 2022 (27,5) y 2023 (27,3), los años de faena de novillos más jóvenes de la serie. Pero la comparación es engañosa, porque la faena siempre rejuvenece en la segunda mitad del año: a lo largo de toda la serie, el segundo semestre baja en promedio 1,2 meses respecto del primero.

Proyectando 2026 con ese rejuvenecimiento estacional habitual, la edad media del año se ubicaría en torno a 27,6 meses; y si el empuje de la generación 2024 imprime una caída algo mayor a la normal, en torno a 27,4. En ambos casos, 2026 se instala en la misma zona que 2022 y 2023.
Y hay un motivo de fondo para pensar que el récord de 2023 puede caer. La juventud de aquel año fue, en buena medida, adelantada por la sequía: la liquidación forzada empujó a los animales jóvenes al gancho de manera temprana, y por eso 2023 casi no rejuveneció en su segundo semestre —su caída fue de apenas tres décimas, la menor de toda la serie—. 2023 gastó su juventud en el primer semestre. 2026, en cambio, llega a mitad de año con una edad media todavía cerca de la de aquel año, pero con un segundo semestre de rejuvenecimiento normal —o mayor— aún por delante, impulsado por una generación récord que recién ahora entra en escena.
A su vez, la cantidad de animales más añosos, 6 dientes y boca llena, tenderá a disminuir, en parte porque pasan a ser las categorías de la generación de la sequía y en parte porque una creciente proporción se faenó a edades más jóvenes. Esto ya se advierte en la participación conjunta de 6 dientes y boca llena en la faena de novillos, que pasó de 46,9% en el primer semestre de 2025 a 39,8% en el mismo período de 2026, y ambas categorías corren mes a mes por debajo del año pasado.
La conclusión se refuerza: 2026 tiene todo para terminar siendo la faena de novillos más joven de la historia, o muy cerca de serlo. El récord de diente de leche ya es un hecho; el resto lo está escribiendo un recambio de generaciones que empuja la edad de faena hacia abajo por los dos extremos.
