Brasil es uno de los mayores productores de leche del mundo pero sigue siendo importador neto de productos lácteos, una condición que hace que los precios internacionales marquen el ritmo del mercado interno y tengan impacto directo en lo que recibe el productor en el tambo.
Cuando los productos importados se abaratan respecto a los del mercado interno, aumenta el volumen de importaciones, crece la oferta disponible en el país y los precios locales caen.
El mecanismo inverso opera cuando los compradores externos están dispuestos a pagar más que el mercado doméstico: las exportaciones cobran impulso, baja la disponibilidad interna y se genera margen para que los precios suban.
Uno de los principales termómetros de esa dinámica es la plataforma Global Dairy Trade (GDT), la bolsa internacional de referencia para productos lácteos donde se fijan los precios globales de leche en polvo, queso y manteca, entre otros.
El Observatorio de la Cadena Láctea (OCLA) agrega una lectura que va más allá de la condición de importador neto. Aun corrigiendo por tipo de cambio bilateral, queda abierto el interrogante de si los resultados del negocio primario lechero en Brasil responden exclusivamente a esa condición estructural o si hay también un problema de competitividad en términos de escala, eficiencia, productividad y costos.
Fuente: OCLA, en base a Milkpoint

