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Un residente de Washington falleció tras exposición directa en un establecimiento infectado, marcando el tercer deceso asociado al ganado lechero y el primero vinculado laboralmente, mientras el virus H5N1 se expande a nuevos rodeos en Indiana.

Autoridades sanitarias del estado de Washington y del Distrito de Salud de Yakima confirmaron la muerte de un residente local por complicaciones derivadas de la influenza aviar altamente patógena H5. El paciente, que presentaba afecciones médicas subyacentes, contrajo el virus tras una exposición directa en un tambo comercial infectado.

Este caso representa el tercer fallecimiento en Estados Unidos atribuido al patógeno desde que comenzó su propagación en el ganado en 2024, y constituye la primera muerte formalmente vinculada al contacto ocupacional en instalaciones lecheras.

En paralelo, el 2 de noviembre de 2026, autoridades federales confirmaron las primeras infecciones por H5N1 en ganado lechero en Indiana, afectando a dos rodeos vinculados operativamente en el condado de Newton, detectados mediante el muestreo de rutina de la Estrategia Nacional de Pruebas de Leche.

El brote estadounidense en el ganado lechero, iniciado en marzo de 2024, continúa sumando estados afectados. Las cifras del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) registran más de 40 detecciones en rodeos lecheros de Washington, con un total nacional que supera los 134 brotes en estados como Texas, Idaho, Utah y Kansas.

La presencia del genotipo B3.13 del H5N1 en Indiana fue confirmada por el Laboratorio Nacional de Servicios Veterinarios, tras el hallazgo inicial por la Junta de Sanidad Animal del Estado (BOAH). Las agencias de salud mantienen que el riesgo para la población general sigue siendo bajo ante la falta de evidencia de transmisión sostenida entre humanos, aunque recomiendan extremar cuidados a quienes trabajan con animales infectados.

Las vacas infectadas presentan reducción drástica de la ingesta de alimento, deshidratación, letargo y menor producción de leche, la cual puede volverse más espesa. Ante esto, las operaciones lecheras han endurecido los protocolos de bioseguridad en las salas de ordeñe, exigiendo a los trabajadores el uso de mascarillas N95, gafas protectoras selladas y guantes de nitrilo, además de estrictos procesos de desinfección.

La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) y el USDA han reafirmado que el suministro comercial de leche pasteurizada es seguro, ya que el tratamiento térmico inactiva completamente el virus H5. No obstante, se advierte sobre los graves perjuicios económicos para los productores, incluyendo cuarentenas, gastos veterinarios y eliminación de leche, lo que, sumado al alto costo del alimento, podría llevar a reducciones de rodeos y endeudamiento sin la oportuna asistencia estatal.

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