El presidente del Inale hizo un balance del año, analizó el debate presupuestal, los desafíos del contexto internacional, la pérdida de productores y las prioridades para el sector en 2026.

El cierre del año 2025 dejó a la lechería uruguaya con señales alentadoras en producción y exportaciones, pero también con desafíos estructurales que vuelven a ponerse sobre la mesa. El debate presupuestal del Inale, la pérdida de productores por encima del promedio histórico, la ausencia de herramientas anticíclicas y la necesidad de consolidar mercados externos forman parte de una agenda que, según Ricardo de Izaguirre, requiere visión de largo plazo y coordinación institucional.

En entrevista con La Lechera, el presidente del Instituto Nacional de la Leche (Inale) repasa las conclusiones del año, detalla cómo se está reordenando el funcionamiento del organismo tras el ajuste presupuestal, analiza el escenario internacional de precios y mercados, y anticipa los principales ejes de trabajo para 2026, con foco en escala, forraje, jóvenes, trabajadores y competitividad sistémica.

 ¿Con qué sensación cerrás este año, especialmente después del debate presupuestal del Inale en el Parlamento?
Es un tema que en principio me preocupó, porque en general todos estaban a favor de la lechería. La lechería es un sector muy integrado, es un sector maravilloso. Los productores, la solidaridad, todo corre por la misma línea. Eso se ve desde los grupos lecheros, desde la época en que se formó el grupo Cardal de Conaprole y después todos los que vinieron, que llegaron a ser más de 130 grupos.

Conaprole llegó a pagar estímulos para la contratación de técnicos, las gremiales siempre priorizan el servicio social y protegen al productor de menor escala, que es al que más le sirve poder sacar animales, fortalecer su sistema y redimensionar su producción. En la lechería, el forraje, la fibra, los fardos, todo eso permite tener más vacas y más producción. A eso se suma el sistema cooperativo industrial, que explica el 75% de la leche del país y que ha amortiguado históricamente los vaivenes de precios.

 ¿Cómo explicás que la lechería siga creciendo en Uruguay, aun con un área relativamente chica?
El 2025 dejó cerca de US$ 1.000 millones de exportaciones de lácteos, mientras que la carne ronda los US$ 3.000 millones. Eso se da con un área que representa 5% o menos del total del país y que incluso ha ido decreciendo, pero con un aumento sostenido de la producción por hectárea. Además, es un sector que genera muchas fuentes de trabajo.

Lo que preocupa es que, cuando pasamos raya, en 2025 perdimos más productores que el promedio histórico.

 No lo hemos podido analizar del todo, pero creo que hay varios factores. Algunos establecimientos venían remando como podían y, con la mejora de precios, lograron vender. Hay productores de mayor edad, cierres de industrias, situaciones como la de Indulacsa, con productores de baja escala que sufrieron atrasos de varios meses en el cobro de la leche. Todo eso generó un cimbronazo que terminó en cierres.

Ahí aparece el tema de las herramientas anticíclicas, que sigue siendo un debe.
Exactamente. Seguimos sin haber generado instrumentos anticíclicos, ya sea por precios, por márgenes o por seguros climáticos. Este año se dio una combinación muy favorable: buenos precios, buena relación con el grano y buen clima. Pero tenemos que pensar qué pasa cuando esos factores juegan todos en contra.

Para 2026, nuestros modelos simulan que el crecimiento continúa sobre un eje del 3,5% a 4% por las reservas que se hicieron este año, que son abundantes, y a los entores, que fueron muy buenos.

 ¿Cómo ves el escenario de mercados internacionales en este contexto?
El crecimiento de Brasil nos preocupa. Argelia ha sido un destino muy importante, pero también es un país que está invirtiendo en lechería. Hay zonas del mundo donde el consumo mejora y donde los gobiernos impulsan programas de alimentación con leche para niños, como Indonesia.

China sigue siendo relevante, aunque también está produciendo cada vez más. Parecería que el sudeste asiático, como Filipinas, Indonesia y Vietnam, son zonas a las que apostar.

 ¿Coincidís en que Indonesia puede ser el gran mercado a abrir en el corto plazo?
Sí, es un mercado con muchas posibilidades. Ha habido visitas sanitarias y se está trabajando fuerte a nivel diplomático. Sería muy importante poder abrirlo en 2026.

 Volviendo al presupuesto, ¿qué margen quedó finalmente para el funcionamiento del Inale?
A fines del año pasado tuvimos reuniones seguidas con el Ministerio de Economía revisando los presupuestos. Se reprogramaron algunas inversiones, como softwares, pasándolas para 2027, pero se logró mantener la plantilla de funcionarios y el funcionamiento básico del instituto. En su momento se había planteado que algunos no pudieran continuar, pero eso quedó subsanado.

Ahora veremos si durante 2026 se puede avanzar en un refuerzo que permita acompañar el crecimiento de la lechería. Todos los parlamentarios, de todos los partidos, coincidieron en la importancia del sector.

Dónde debería ponerse el foco de ese acompañamiento?
En investigación, junto con la Facultad de Agronomía y Veterinaria; en proyectos como Redes, con la UTEC; en transferencia, trabajando con gremiales y con Conaprole. También en temas de escala. Estamos trabajando muy cerca de Colonización, porque apoyar la lechería en acceso a tierra es clave, y nosotros tenemos que acompañar ese proceso.

El caso de María Dolores generó mucho debate. ¿Qué rol puede jugar el Inale ahí?
Más allá de que los primeros productores no van a estar antes de 2027, hay un alineamiento claro de que la prioridad es atender a productores de pequeña escala. Colonización tiene recursos para comprar más tierras y la lechería va a ser prioritaria. Nosotros vamos a ser un brazo técnico importante, sobre todo en producción de forraje y en el trabajo con las gremiales que están asociadas al proyecto.

Otro tema estructural es la estabilidad de los arrendamientos y la inversión en riego.
Ese es un punto clave. No podemos avanzar mucho en sistemas de riego o en inversiones grandes si seguimos con arrendamientos de corto plazo. Estamos trabajando con el Ministerio de Ambiente y con otros actores para encontrar mecanismos que den más estabilidad.

Las inversiones en riego requieren contratos más largos, y eso hoy es una limitante fuerte.

Cómo viene el trabajo en seguros o de margen?
Los seguros climáticos a gran escala son muy difíciles de implementar a nivel país. Cuando hay sequía o exceso de lluvias, afecta áreas muy grandes, y eso requiere esquemas regionales o internacionales.

En seguros de margen estamos más avanzados. Hemos trabajado con el Banco República y otras instituciones, pero se nos trancó un poco por la caída del consumo de leche fluida, que viene bajando cerca de 10% anual. Eso limita los fondos disponibles. En otros países estos seguros tienen apoyo estatal. Acá tenemos que buscar otras formas de fondeo.

 Para cerrar, ¿qué prioridades ves claras para 2026?
Además de todo lo anterior, hay un proyecto muy importante que es la escuela de tamberos. La vamos a impulsar junto con gremiales, la UTEC, la Facultad de Veterinaria y Colonización. Serán módulos prácticos en las propias colonias, sobre partos, transición, cría de terneros, mastitis, ordeñe, pasturas y gestión. La idea es capacitar trabajadores y trabajadoras, darles herramientas para crecer y profesionalizar aún más el sector. Ese es un desafío central para el futuro de la lechería.
  

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