El pasado jueves 16 de noviembre se llevó a cabo el 12º Encuentro Nacional de la Mesa Tecnológica de Oleaginosos (MTO) titulado Cultivando Resiliencia: Aprendizajes de una zafra histórica.

Los encuentros de la MTO buscan generar un ámbito de discusión y análisis sobre la competitividad estructural de toda la cadena productiva de los oleaginosos y sus productos, con especial énfasis en los aspectos tecnológicos que hacen a cada una de las etapas y a la cadena en su conjunto.

En el panel Observatorio de Oleaginosos Uruguay 2022/2023: Indicadores sectoriales y escenarios futuros disertaron la economista Magdalena Borges y el Ing. Agr. Dr. Sebastián Mazzilli, ambos de INIA.

Borges recordó que durante la zafra 2022/23 el área de cosecha efectivamente de soja fue de unas 956 mil ha, con una caída del 23% respecto a los 1,234 millones de ha que se habían implantado producto del impacto que tuvo la seca. El promedio histórico de pérdida de área en Uruguay para la oleaginosa es de alrededor de 1% del área total.

Tomando en cuenta el área cosechada, el rendimiento promedio de la última campaña fue de kg/ha 913. Por otro lado, a pesar de la seca, el 52% del grano cosechado requirió secado dado que la humedad promedio se ubicó en 16%. Además, como consecuencia del escaso desarrollo de los cultivos, se incrementó notoriamente la necesidad de pre-limpieza del grano, explicó Borges.

La magra cosecha de soja llevó a que la exportación cayera 75% en lo que va de este año, al tiempo que la participación en el total del comercio de bienes pasó del 14% en 2022 a 4% este año.

Uno de los aspectos que sobresalió es que a nivel comercial fue que el 50% de la producción se comercializó cuando los valores de la soja a nivel internacional estaban más altos, al inicio del ejercicio agrícola.

 

Márgenes en rojo

Como era esperable, los márgenes fueron negativos en US$/ha 260 para la soja de primera con puente verde, si considerar renta, mientras que el cultivo de segunda cerró con un rojo de US$/ha 306. Los peores resultados se observaron en la zona centro y noreste.

Por otro lado, bastante diferente fue el desempeño de la colza, donde el cultivo no sufrió grandes impactos por la seca con una superficie récord de siembra de 350 mil ha, aunque sí sobresalió un aumento del 40% por ha en sus costos (US$/ha 990), explicado básicamente por la suba de los fertilizantes por los efectos de la guerra entre Rusia y Ucrania. Así el margen para la colza fue “prácticamente neutro”, con unos US$/ha 56 ante de la renta. Precisamente, el arrendamiento de los campos agrícolas tuvo un aumento del 20% en 2022, con un promedio de US$/ha 390.

De acuerdo a Borges, sumando el valor agregado de la colza y la soja durante la última campaña fue positivo (+0,2%) para la economía, aunque “muchísimo más bajo” que la zafra anterior (+2,8%).

A pesar de ellos, el complejo sojero realizó transferencias al resto de los eslabones de la economía de US$ 139 por tonelada de grano con un total de US$ 147 millones.

En tanto, de acuerdo con la encuesta que realizó la MTO, el 37% del área de siembra tuvo cobertura de seguro por rendimiento. Borges explicó que el grueso de los encuestados respondió que la ecuación costo/beneficio “no sería tan beneficiosa” para tener un porcentaje de cobertura mayor de los seguros por rendimiento.

En el caso del riego, el área regada durante la última campaña fue del 9%, con un rendimiento de kg/ha 3.690 para la soja de primera y de kg/ha 2.400 para la segunda. Acá las respuestas de los productores sobre por qué no se extiende más esta tecnología fue porque no existían fuentes suficientes de agua para regar más superficie, señaló Borges.