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El avance de los medicamentos GLP-1 para el tratamiento de la obesidad está comenzando a modificar la demanda de alimentos en Estados Unidos y, en el caso de la carne, la evidencia disponible sugiere un efecto dual: menor gasto y volumen consumido, pero una mayor disposición a pagar por determinados productos.

Un estudio publicado en Food Policy, elaborado por Justin Bina, Glynn Tonsor y Timothy Richards a partir de datos del Meat Demand Monitor, encontró que los usuarios de GLP-1 mostraron una disposición a pagar por ribeye US$ 2,30 por libra superior (unos US$ 5 por kilo) a la de consumidores comparables que no utilizan esos medicamentos.

 El diferencial fue de US$ 2,30 por libra para ribeye, US$ 1,69 para carne picada, US$ 1,19 para chuleta de cerdo y US$ 1,52 para pechuga de pollo. Los autores identifican así un posible “GLP-1 premium”, asociado a consumidores que comen menos, pero asignan mayor valor a la proteína que eligen.

Al mismo tiempo, otra investigación sobre compras efectivas de hogares estadounidenses encontró que, durante los seis meses posteriores al inicio del tratamiento, el gasto total en supermercados cayó 5,3%, mientras que el gasto en carne fresca y congelada se redujo alrededor de 6%. Las mayores contracciones se observaron en alimentos de alta densidad calórica y productos procesados.  

La combinación de ambos resultados sugiere que la expansión de los GLP-1 podría favorecer una premiumización del consumo de carne: menos cantidad, pero una mayor disposición a pagar por determinados cortes y productos.

Otros estudios indican que 85% de los consumidores de GLP-1 encuestados reportó cambios importantes en sus preferencias de alimentos. IFF señala que muchos usuarios muestran mayor sensibilidad a sabores dulces y una menor aceptación de productos grasos o muy intensos, además de cambios en la percepción de texturas.

IFF considera que esta tendencia ya plantea un desafío para la industria alimentaria, que deberá adaptar formulaciones, tamaños de porción y perfiles de sabor a un consumidor que come menos y que puede mostrar una menor tolerancia a productos ricos en grasa o de sabores intensos.  

Fuentes: Food Policy; Journal of Marketing Research; Meat Demand Monitor.

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