
La Rendición de Cuentas incluyó un artículo que destina el 50% de un tributo existente sobre exportaciones lácteas del LATU al instituto, aportando cerca de US$ 850 mil anuales. Ricardo de Izaguirre habló de alivio, responsabilidad y proyectos que esperaban recursos para arrancar.
Durante años el Inale funcionó al límite. Su funcionamiento demanda recursos del orden de US$ 1,4 millones anuales, pero la asignación fija de Rentas Generales era de apenas unos $ 35 millones (unos US$ 870 mil) por lo que siempre requería refuerzos presupuestales para cubrir sus costos. Esa incertidumbre permanente pesaba sobre el equipo técnico y sobre una cartera de proyectos que no podía ejecutarse por falta de financiamiento.
La Rendición de Cuentas presentada a fines de junio cambió ese panorama. A partir del 1° de enero de 2027, el 50% de un tributo del 2 por mil que pagan las exportaciones de productos lácteos se destinará al Inale. El restante 50% continuará yendo al LATU. La medida no crea un nuevo impuesto: únicamente reasigna el destino de recursos ya generados por la actividad exportadora láctea.
En promedio durante los últimos cinco años, ese tributo representó unos US$ 1,7 millones anuales, por lo que la porción que recibirá el instituto rondará los US$ 850 mil. Con eso, el Inale prácticamente duplica sus recursos disponibles.
Para Ricardo de Izaguirre, presidente del instituto, la noticia fue “una gran alegría y una gran responsabilidad”, dijo a Informe Tardáguila. El alivio es real: había valores técnicos en el equipo que se estaban perdiendo por falta de certezas, y proyectos que no podían encauzarse. “Uno se pellizcaba por decir no se nos vayan estos valores, gente formada y con conocimiento del sector”, reconoció. A eso se sumaban los actores en el medio rural —queserías, predios de desarrollo en cuencas alejadas, productores con atraso tecnológico— que esperaban una respuesta que el instituto no podía dar con los recursos disponibles.
Fabián Hernández, vicepresidente de la SPLF, lo resumió con precisión. “Me parece una buena señal. Por lo menos están devolviendo algo que nos pertenece, que vuelve al sector de donde sale. El Inale tiene mucho para darle al sector. En el LATU, todo lo que te da, te lo cobra”, recordó.
Transferencia tecnológica como prioridad
Uno de los proyectos que más expectativa genera con el nuevo financiamiento es la expansión del programa de transferencia tecnológica que el Inale viene desarrollando junto con el INIA a través del FPTA. El esquema trabaja en red con instituciones como la Facultad de Veterinaria, Colonización y Conaprole, generando información directamente aplicada a la realidad productiva. “Queremos pasar de 30 a 100 predios en este período”, dijo De Izaguirre. La evidencia de que el modelo funciona ya existe; ahora hay recursos para escalarlo.
El instituto también trabaja en la centralización y aprovechamiento de información sectorial. Mensualmente recibe de las industrias los datos de remisión de cada productor —calidad de leche, grasa, proteína, tamaño—, y esa base, cruzada con información del mejoramiento lechero y de proveedores de insumos, permite identificar tendencias y tomar decisiones. “Hay muchísima información que tenemos que centralizar y medir qué resultado da”, dijo.
Comercio exterior y nuevas contrataciones
Las áreas donde el Inale pondrá el acento en 2027 son tres: comercio exterior, transferencia tecnológica y gestión de la información sectorial. En lo institucional, hay un llamado abierto para cubrir el cargo de gerente general, vacante hace un tiempo, que se piensa cubrir en breve.
En comercio exterior, De Izaguirre fue claro sobre la estrategia: trabajar junto al Ministerio de Ganadería, Relaciones Exteriores e Industria para identificar oportunidades en mercados donde la demanda de proteína láctea es grande pero la inserción uruguaya es todavía incipiente.
“Seguramente tengamos que insertarnos en otras zonas donde las necesidades son muy grandes, pero eso requiere trabajo”, reconoció.
La referencia al INAC no fue casual: el camino recorrido por el instituto cárnico en ferias internacionales y posicionamiento de marca es el modelo que el sector lácteo quiere replicar. El Inale tiene en sus planes impulsar la marca sectorial Uruguay Dairy, cuyo desarrollo ya se hizo por parte de Instituto Uruguay XXI.
“Trabajar con el INAC es fundamental, tienen un camino recorrido muy fuerte”, admitió De Izaguirre.
El horizonte que dibujó es ambicioso pero también honesto sobre los desafíos. La lechería uruguaya exporta cada vez mayor porcentaje de su producción —este año la remisión viene arriba del 10% respecto al año anterior, con sólidos en torno al 13% más— pero los mercados tienen vaivenes. El tamaño de los predios, el arrendamiento, las relaciones laborales y la automatización son variables que el instituto no puede ignorar.
“No quisiéramos tener una lechería de solo 1.000 tambos, sino de 10 mil, porque la repercusión que tiene el sector en el campo es impresionante”, cerró De Izaguirre.
