A la población en China se les está agotando la paciencia. Llevan tres años encerrados, con cuarentenas sumamente estrictas antes esporádicos casos de covid-19. Y en la última semana han observado atónitos como en las tribunas de los estadios en Qatar miles y miles de personas que llegaron de distintas partes del mundo comparten espacios con tantos otros sin tapabocas, sin tests negativos ni restricción de ningún tipo.

En Shanghái durante el fin de semana hubo manifestaciones en las que, incluso, se llegó a escuchar la consigna “libertad”. En Beijing, ciudadanos confinados derribaron vallas que les impedían salir de su barrio, como se ve en el vídeo adjunto. La clase media está sufriendo una crisis económica tremenda. Propietarios de pequeños comercios que han pasado más cerrados que abiertos en estos tres años, liquidaron sus ahorros y empiezan a desesperarse por los tiempos que se les vienen. El argumento del gobierno es que están cuidando la vida de los ciudadanos, pero hace tres años que la vida se les está yendo sin poder hacer prácticamente nada. El problema es serio, porque el hartazgo de la población llega en un momento en el que las posibilidades de apertura indiscriminada no son posibles. China no aprovechó las estrictas medidas de confinamiento para avanzar en la inmunización de la población. Por lo tanto, entre la escasa proporción de la población infectada y el bajo porcentaje de vacunación, la apertura sin restricciones implicaría un avance vertiginoso del virus que, con toda seguridad, determinaría un gran número de muertes. Según un artículo de Bloomberg, solo dos tercios de la población de más de 80 años está vacunada. La apertura, por lo tanto, deberá ser gradual. Ahora sí, deberán apurar el paso de la vacunación para evitar que se dispare el número de fallecidos. El gobierno deberá abrir de forma gradual al país, pero a paso firme y decidido como para apaciguar a la población. De lo contrario, empezarán a llegar muy malas noticias desde las principales ciudades chinas, entre ellas la represión de los manifestantes. 

Tardáguila Agromercados - Diseño InfinitWorks