En medio de una zafra que definió como "brava", Juan Miguel Silva, integrante de la Asociación de Cultivadores de Arroz, señaló que la propuesta de utilizar el arroz quebrado en la alimentación animal, busca abrirle al sector un negocio alternativo en un contexto de precios ajustados, al tiempo que ofrece a la ganadería intensiva una nueva fuente de alimentación con un potencial que, según el propio productor, recién empieza a comprobarse.
Silva explicó que el trabajo conjunto con la UPIC no es nuevo, sino que se sostiene desde hace varias zafras. "Ya vamos como por el año 4 o 5 de prueba. Y este año volvimos a retomar los trabajos... sabíamos que el mercado del arroz, el precio del arroz venía en baja, se estaba complicando, buscamos generar un negocio nuevo. Creo que lo logramos, lo estamos logrando", señaló.
La primera etapa de ese proceso consistió en simplificar al máximo la logística: embolsar y quebrar el grano directamente en el establecimiento, sin necesidad de trasladarlo ni secarlo fuera del predio. "En algunas chacras ya hay arroz embolsado y quebrado en la misma chacra, con poco flete, con poco gasto, que era la idea: que el productor no incurriera en más costos, que no hubiera flete, que no hubiera secado, que se embolsara en el mismo establecimiento", detalló, agregando que parte de esa producción ya se negoció directamente entre productores.
Este año, el volumen de arroz utilizado en los ensayos de la UPIC creció, y con él se sumaron nuevas líneas de investigación. Silva mencionó específicamente pruebas de "suplementación en autoconsumo sin restricciones a campo" y experiencias de invernada con novillos de engorde, con resultados que calificó como alentadores: "Tenemos muy buenos datos, con muy buenos resultados, y creo que es un trabajo que va a llevar tiempo".
Para el productor, se trata de una modalidad de negocio complementaria a la industria arrocera tradicional, consolidada desde hace 70 años en la elaboración de arroz para consumo humano: "La industria uruguaya está preparada para vender arroz elaborado. Esto sería un negocio alternativo para un momento en el cual el precio del arroz elaborado no alcance, pues tenemos competidores, y el valor del grano de arroz al productor no le sea bueno como en este momento. Entonces tenemos que competir con el maíz, tenemos que competir con el sorgo, tenemos que competir con otras cosas".
Los números
Consultado sobre los números concretos del negocio, Silva explicó que la clave está en diferenciar entre el arroz destinado a consumo humano y el que podría orientarse a la alimentación animal. El mercado tradicional exige un piso de calidad bien definido: "El arroz se comercializa, la base es 58% entero. Hay arroces que no servirían, porque se premian cuando tienen más de 58% entero, para un negocio de grano para alimentación humana y de calidad".
Ese estándar, sin embargo, deja afuera variedades de muy buen rendimiento agronómico que no logran esa calidad molinera pero que sí resultan aptas para el consumo animal, donde el grano de todos modos se quiebra antes de suministrarlo.
"Hay variedades que rinden hasta 15.000 kilos que no tienen tan buena calidad molinera, pero para la alimentación animal no tendríamos problema, porque para la alimentación animal hay que quebrarlo. Entonces podríamos ir a un grano que cueste lo mismo producir pero que produzca tal vez un 20% más. Y eso, o la misma producción con menos costos", explicó Silva, describiendo lo que a su juicio constituye "otra alternativa viable" para el productor arrocero.
Más allá del potencial productivo, Silva fue claro en señalar que el mayor desafío para desarrollar este negocio no es agronómico sino contractual. Buena parte de la cosecha nacional está financiada de antemano por la industria molinera, lo que condiciona su destino final: "Hay un negocio ya armado que hay que tratar de buscarle la vuelta. La industria financia un porcentaje superior al 60% del arroz que se produce en Uruguay. Entonces ese arroz está comprometido con la industria. Nosotros tenemos que crear un negocio nuevo para que el productor pueda disponer de ese arroz para dedicarlo a la alimentación animal, que no sea un arroz que fuera desviado de la industria".
Sobre los valores actuales del cereal, Silva ofreció un panorama de recuperación moderada, aunque insistió en no generar expectativas desmedidas sobre el potencial del arroz como alimento animal.
"Hoy el arroz vale 9 dólares en el precio provisorio, viene repechando el precio, viene recuperándose, capaz que hablamos de 11, 220 dólares la tonelada. Puede llegar hasta 540 y sería el equilibrio, pero no va a llegar a 540 porque el maíz vale 250", comparó, dejando en claro que la competitividad del arroz como sustituto del maíz dependerá siempre de esa relación de precios entre ambos granos.
"Capaz que el arroz puede valer 11 dólares la bolsa hoy. Es cuestión de número, no digo que sea la panacea, pero es una alternativa más que podemos tener los productores arroceros", resumió.


