La vicecanciller Valeria Csukasi, el titular de INIA, Miguel Sierra, y el presidente de ARU, Rafael Ferber, expusieron en la charla De la cuota al valor, cómo capturar la prima europea, organizada por INIA y la Asociación Rural del Uruguay (ARU) en el salón Multiespacio de la Rural del Prado.
Csukasi celebró que, 25 años después, Uruguay haya superado la etapa de incertidumbre sobre si el acuerdo Mercosur-Unión Europea se firmaba o no. Advirtió, sin embargo, que el mayor error posible sería pensar que la historia con la UE terminó con la firma y entrada en vigor del acuerdo, el pasado 1° de mayo.
Mencionó a la pesca como uno de los grandes beneficiados inesperados, un sector golpeado que había perdido el Sistema Generalizado de Preferencias y que hoy recupera potencial exportador.
Planteó dos desafíos centrales. Por un lado, sostener los mercados ya ganados, en un contexto donde Europa "es un gran especialista en generar trabas" y donde alcanzan ejemplos regionales, como la exclusión reciente de Brasil del mercado de proteínas animales por discusiones sobre antibióticos, para mostrar que ningún acceso está garantizado para siempre.
Advirtió sobre el riesgo de que el consumidor europeo asocie a la producción uruguaya con prácticas que no respetan el ambiente o las normas laborales, y llamó a defenderla desde la evidencia científica, con un rol activo de instituciones como INIA y LATU.
Por otro lado, identificar oportunidades en sectores hoy no tan visibles, como la fruta o los derivados del arroz, y recomendó a los presentes explorar el nuevo portal de Uruguay XXI, que permite consultar aranceles, requisitos y normas por producto específico.
Remarcó que la internacionalización no es sencilla para un país mayormente compuesto de mipymes, y que se requiere una etapa de investigación, acompañamiento y difusión que, reconoció, no se desarrolló con la anticipación necesaria antes de la entrada en vigor del acuerdo.
Csukasi cerró señalando que el acuerdo con la UE no es el principio ni el final de la inserción internacional de Uruguay, sino apenas "el puntapié inicial" de una agenda más amplia, que incluye negociaciones en curso con Vietnam, Japón e India desde el Mercosur, y la agenda bilateral vinculada al CPTPP y al RCEP. Insistió en que esos procesos no pueden demorar otros 25 años y que deberían mostrar resultados concretos antes que cierre el próximo año.
En la ronda de preguntas, Csukasi profundizó sobre esa agenda pendiente más allá de Europa. Puso como ejemplo al sector lácteo, que según planteó no tiene demasiado para ganar con la UE, por lo que resulta más relevante ganar acceso en Asia, donde la prioridad pasa por el CPTPP y el RCEP. Mencionó además el trabajo en curso con Centroamérica para destrabar exigencias sanitarias, y confirmó que desde hace tiempo se viene gestionando la habilitación de los cítricos con India.
"Lo importante es conversar con los sectores y que nos digan dónde están las oportunidades de crecimiento", planteó, y remarcó que la agenda comercial actual responde a una lógica de mediano y largo plazo.
También insistió en la necesidad de que Uruguay demuestre por qué es distinto dentro del bloque regional. "No podemos caer en la simplificación de que, por ser del Mercosur, Uruguay tala el Amazonas o no respeta el medioambiente", sostuvo. Planteó como objetivo llegar a la góndola europea logrando que el consumidor asocie el origen uruguayo con calidad, una estrategia que consideró debería replicarse para el conjunto de la producción nacional, sin que eso afecte los estándares que, dijo, distinguen a Uruguay del resto de la región.
Sierra, validar la sostenibilidad con datos
El presidente de INIA, Miguel Sierra, planteó que el acuerdo genera espacios que hay que ocupar, y que Uruguay necesita demostrar con información de calidad que sus productos cumplen los estándares de valor que exige la Unión Europea.
Señaló que las exigencias europeas en materia de bienestar animal, huella ambiental o salud de suelos funcionan muchas veces como barreras paraarancelarias que van evolucionando con el tiempo, lo que obliga a mantener una validación permanente junto a institutos internacionales, entre ellos de Alemania, Italia, España, Países Bajos, Reino Unido, Nueva Zelanda y Estados Unidos.
Remarcó que INIA no certifica ni participa directamente en esos procesos, sino que actúa como agente de respaldo técnico, y llamó a articular ese trabajo con otros actores de la política pública, como el MIEM, el Ministerio de Ambiente y el MGAP.
Como ejemplo de diferenciación por valor, mencionó que Conaprole abastece a 8 de las 10 principales lácteas chocolateras del mundo, gracias a que produce leche sin uso de hormonas y bajo el sistema grassfed. Sobre esa base, planteó que Uruguay debe correr la discusión desde el terreno de los commodities hacia la incorporación a marcas y la identificación de nichos de alto valor para productos hoy poco diferenciados.
Ferber, una llave que depende de Uruguay abrir
Ferber advirtió que el centro de gravedad económico del mundo se está desplazando hacia China, y que mientras esa potencia pasó de representar 6% a 19% del PIB mundial en los 25 años que duró la negociación del acuerdo, el Mercosur quedó por debajo del 3% del PIB global en el mismo período. Sostuvo que, sin acuerdos que permitan diversificar riesgos, la región seguirá perdiendo terreno frente al resto de sus competidores.
Remarcó que Europa sigue siendo un mercado atractivo, con 450 millones de consumidores de alto poder adquisitivo, y que Uruguay puede ofrecer atributos valorados como trazabilidad y producción libre de deforestación, aunque advirtió que las exigencias del bloque europeo son altas y hay que tenerlo claro.
Detalló que, desde el inicio del acuerdo, 75% del comercio con la UE queda liberado de arancel, porcentaje que llegará a 92% cuando se complete el cronograma de desgravación. Como beneficios concretos para Uruguay, mencionó la cuota Hilton de 5.600 toneladas ya libre de arancel y una cuota de arroz de 60 mil toneladas también sin arancel, además de la posibilidad de posicionar marcas propias en las góndolas europeas.
Sobre los resultados ya visibles, citó un beneficio estimado en US$ 27 millones desde la entrada en vigor del acuerdo, compuesto por US$ 12 millones en preferencias arancelarias y US$ 15 millones por cuotas. Insistió en que el acuerdo por sí solo no resuelve los problemas estructurales del país, sino que funciona como una llave cuya apertura depende de Uruguay, a través de mejoras en competitividad, logística y reglas que faciliten producir y trabajar. Cerró con una advertencia sobre los tiempos: "Demoraron 25 años en abrir la puerta, no podemos demorar otros 25 años en aprovecharla".



