El titular del Instituto Nacional de Colonización (INC), Alejandro Henry, desestimó la cifra de 35.000 hectáreas para adjudicar que había trascendido tras dichos del director de la institución por la oposición, Lucas Manassi, y fijó el remanente real en el entorno de las 13.000 hectáreas.
El desfase numérico obedeció a fallas de arrastre en la plataforma digital del organismo. “Ese dato se instaló en la opinión pública y se repite, pero proviene de sistemas informáticos desfasados”, explicó Henry.
El jerarca subrayó que se está trabajando para optimizar el software de gestión y proveer datos ágiles y confiables. “Tras un exhaustivo proceso de depuración, el saldo real quedó fijado en 13.000 hectáreas”, remarcó.
En producción
El titular de Colonización fue categórico al rechazar la idea de que estas tierras permanezcan improductivas o en estado de abandono a la espera de una resolución administrativa.
“No son predios desocupados o tapados de maleza esperando años para ser distribuidos” indicó.
La mayoría de estas áreas operan hoy bajo figuras transitorias como permisos de pastoreo, contratos provisionales o fases de preparación agronómica de suelos para futuras asignaciones definitivas.
A modo de ejemplo representativo, Henry aludió al emblemático predio de estancia María Dolores (4.400 hectáreas). Pese a figurar como tierra disponible en los registros del ente, mantiene un ritmo productivo activo. Actualmente cuenta con 1.200 hectáreas implantadas con maíz, 700 ha destinadas a pastoreo de productores de la zona y 550 ha en acondicionamiento forrajero destinadas a la futura radicación de seis tambos, cuyo proceso de selección ya concluyó su fase de postulación.
Plazos administrativos
Respecto a las demoras que suelen señalarse en los traspasos de tierras —que con frecuencia insumen doce, veinticuatro o más meses—, Henry fundamentó que existen etapas reglamentarias que no pueden omitirse. El trámite estándar contempla al menos un mes con el llamado abierto, dos meses dedicados a la evaluación y puntuación de los interesados, y una posterior fase de toma de posesión, sujeta con frecuencia a la finalización de los ciclos agrícolas o los acuerdos de pastoreo en curso.
Con todo, el jerarca subrayó que el cuello de botella más complejo surge antes de la convocatoria pública, cuando median conflictos legales.
“Al rescindir un contrato, es habitual que el colono afectado recurra a la vía judicial”, indicó.
Aunque casi la totalidad de estos litigios concluyen con fallos favorables para Colonización, los tiempos del Poder Judicial dilatan la toma de posesión formal del predio, demorando su reapertura a nuevos aspirantes.


