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En medio de la presión por los precios de los alimentos y con las elecciones legislativas de noviembre en el horizonte, Trump anunció acciones legales para permitir que productores procesen sus propios alimentos y revisó la regulación del sector cárnico.

El anuncio de Trump, presentado como un gesto hacia los productores ganaderos tras la polémica apertura de importaciones, enfrenta el escepticismo de la propia industria, que advierte que debilitar las inspecciones federales podría destruir la reputación de la carne vacuna estadounidense como estándar mundial de inocuidad.

En una publicación en Truth Social, Trump declaró que autorizará la redacción de documentos legales para permitir a los agricultores y ganaderos procesar sus propios alimentos, apuntando a desmantelar el control de los cuatro grandes frigoríficos del país. Tyson, JBS, Cargill y National Beef concentran 75,8% de la capacidad de faena de hacienda en feedlot, según datos de Sterling Marketing Inc., un porcentaje que viene bajando: era de 81,7% en 2015 y de 78,2% en 2025.

La secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, anunció medidas concretas que incluirían la reducción de trabas burocráticas en el procesamiento, la ampliación de la venta entre estados, la derogación de normativas obsoletas, mayor financiamiento para pequeños procesadores y nuevas medidas de etiquetado.

Sin embargo, la National Cattlemen's Beef Association (NCBA) y el Meat Institute salieron al cruce con advertencias directas. La NCBA señaló que "por generaciones, los productores han invertido en construir la confianza del consumidor en la carne vacuna estadounidense y en crear el estándar de inocuidad alimentaria de referencia mundial. Poner en riesgo esa confianza en búsqueda de una solución política de corto plazo sería un error grave”.

El Meat Institute fue más enfático: "Permitir que carne sin inspección llegue a consumidores que no lo saben es el enfoque equivocado, y amenaza con erosionar la reputación de este país como el mayor productor de productos cárnicos seguros del mundo”.

John Nalivka, presidente de Sterling Marketing, argumentó que el problema de fondo no es la concentración sino la escasez de ganado. Los frigoríficos llevan más de un año perdiendo entre US$/cabeza 100 y 150, pagando más por una oferta reducida sin poder utilizar la capacidad instalada. Un pequeño frigorífico de productores enfrentaría los mismos desafíos estructurales, más los riesgos adicionales de financiamiento y acceso a mercado. Señaló el caso de Sustainable Beef en Nebraska como el mejor ejemplo de modelo cooperativo viable, pero subrayó que su éxito depende de tener a Walmart como comprador garantizado. "Lo más difícil para un frigorífico no es procesar, sino conseguir a quién venderle", dijo.

Para la industria, el verdadero cuello de botella es el rodeo en mínimos históricos, no la estructura del procesamiento. Tanto el Meat Institute como la NCBA coincidieron en que la solución estructural pasa por reconstruir el stock ganadero doméstico, no por relajar las inspecciones. El sector también advirtió sobre el efecto del cambio constante de señales de política: los productores toman decisiones de largo plazo y la volatilidad regulatoria genera incertidumbre que daña más que ayuda.

Fuente: Drovers 

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