Los viñedos de la región de Cognac, que se extienden por las colinas onduladas del suroeste de Francia, suelen estar desiertos en enero. Una vez que las uvas se cosechan cada otoño y su jugo se fermenta y destila para elaborar el aguardiente que da nombre a la región, la zona entra en hibernación.
Pero este año hay focos de actividad, con productores arrancando vides, en la primera remoción coordinada desde fines de la década de 1990, mientras la industria intenta reducir la producción y reactivar un mercado alicaído.
Tras años de demanda exuberante de Cognac, la industria ahora padece una resaca: los envíos el año pasado cayeron a 141 millones de botellas, el nivel más bajo desde 2009, según el BNIC, el organismo gremial de productores.
Y el consumo descenderá alrededor de 2% anual hasta 2029, según prevé la firma de seguimiento de datos IWSR.
“No vimos venir esta crisis tan violenta”, dice Thibaut Delrieu, director general de Hine, una marca pequeña que el año pasado despidió a más de un tercio de su plantilla y está arrancando vides en cerca de 10% de sus 129 hectáreas. “Todavía no tocamos fondo”.
La caída de la demanda, escribe Angelina Rascouet, obedece a una combinación de un menor consumo de alcohol y el encarecimiento del costo de vida, que afecta especialmente a los bienes de lujo.
Fuente: Bloomberg News

