Marfrig y BRF anunciaron la semana pasada que no seguirán adelante en las negociaciones para fusionar ambas empresas. Esa posibilidad había sido anunciada en mayo y las empresas se habían dado un plazo de 90 días a los que se podían sumar 30 días adicionales.

El argumento esgrimido es que no lograron ponerse de acuerdo en la estructura que gobernaría a la nueva compañía.

 

Según Reuters, había accionistas de BRF, entre ellos las familias fundadoras y algunos fondos de pensión, que no estaban de acuerdo con la fusión debido a la importancia que pasaría a tener en la nueva empresa Marcos Molina, principal de Marfrig. Las acciones de BRF están mucho más atomizadas que las de Marfrig, en donde Molina mantiene una participación de 30% y quedaría con 5% de la nueva empresa.

“A pesar de culminar el intento de combinar los negocios, el relacionamiento comercial entre la compañía y Marfrig permanecerá inalterado y no habrá ninguna modificación en las prácticas, condiciones ni ´términos previstos en los contratos celebrados entre ambas”, dijo en un comunicado el presidente global de BRF, Lorival Nogueira Luz Jr, publicado por G1.

El vicepresidente de finanzas de Marfrig, Marco Antonio Spada, también afirmó que el cierre de las negociaciones “no afectará otras relaciones comerciales existentes entre la compañía y BRF”.

La unión de ambos gigantes brasileños hubiera creado una empresa con una facturación del orden de R$ 76 mil millones, unos US$ 20 mil millones anuales.

En las primeras horas luego del anuncio de que se suspendieron las tratativas, el precio de las acciones de Marfrig subía en el entorno de 1,5% y el de BRF se mantenía estable.