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Las expectativas de una mayor superficie de maíz en Uruguay y de cosechas abundantes en Argentina y Brasil configuran un panorama de buena disponibilidad para 2027.

El crecimiento de la demanda de tambos, corrales y avícolas, junto con la expansión del etanol brasileño, absorbería una parte importante de esa mayor oferta y podría amortiguar la presión sobre los precios.

En Uruguay, en general se espera una superficie de más de 300 mil hectáreas, en un contexto de creciente consumo interno. Según estimaciones privadas recogidas por Monitor Agrícola, la demanda de maíz podría ubicarse alrededor de 2,1 millones de toneladas en 2027, impulsada por la intensificación de los sistemas de producción animal.

El resultado productivo dependerá de cómo transcurra el resto de la campaña. En el sur del país, el ingeniero agrónomo Carlos Ramírez, de Sofoval, comentó que algunos maíces presentan un aspecto amarillento por la falta de sol, reflejando las dificultades que vienen encontrando los cultivos para desarrollarse.

La expansión de los corrales, el uso de concentrados en la lechería y las necesidades de la avicultura consolidan una demanda que se mantiene durante todo el año.

Desde la industria frigorífica se estimó que solamente los corrales podrían requerir alrededor de 1,5 millones de toneladas de granos forrajeros.

Esa cifra incluye otros cereales además del maíz, entre ellos cebada forrajera que, con los problemas de ramularia de los últimos días, presentará una oferta importante para la producción animal.

Argentina y Brasil apuntan a grandes cosechas

En Argentina, la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) proyecta una producción de maíz de 67,5 millones de toneladas para 2026/27. La estimación contempla una superficie de 10,6 millones de hectáreas, de las cuales 8,9 millones se destinarían a grano comercial, y rendimientos tendenciales. Con ese volumen, el país podría sostener exportaciones por 45 millones de toneladas.

En Brasil, la Compañía Nacional de Abastecimiento (Conab) prevé una cosecha de 148 millones de toneladas, 2,4% superior a la anterior, con un crecimiento de 4,9% del área sembrada. Pero el consumo interno aumentaría a mayor ritmo: 6,6%, impulsado especialmente por la elaboración de etanol.

Así, pese al incremento productivo, las existencias finales brasileñas bajarían de 16 a 14,9 millones de toneladas. Una proporción creciente de la cosecha queda dentro del país, lo que limita el efecto de la mayor producción sobre los excedentes exportables.

La cosecha puede aliviar los precios, pero el consumo pone un límite

Para Uruguay, este panorama permite prever posibilidades de un alivio en los costos de alimentación cuando ingrese la cosecha de 2027, siempre que los rendimientos acompañen. Una oferta local concentrada en pocas semanas podría generar presión estacional sobre los precios, mientras la disponibilidad argentina y paraguaya facilitaría el abastecimiento importado.

La magnitud y duración de esa baja dependerán, principalmente, de cuánto produzca Uruguay frente a sus necesidades de consumo.

Si quedan excedentes exportables, los valores tenderán a acercarse a la paridad de exportación, descontando los costos de llevar el cereal al puerto. Si es necesario importar, la referencia será el costo de traer maíz desde la región, incluidos los fletes y demás gastos.

Por ahora, las perspectivas combinan una oferta potencialmente abundante con una demanda estructuralmente más alta. Es un escenario que puede moderar los precios a cosecha, pero que todavía no permite anticipar una caída pronunciada ni fijar una referencia confiable para 2027.

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