De cara a un nuevo año marcado por los desafíos, Panorama Forestal conversó con Gerardo Barrios, director de Foresur G.I.E, empresa forestal que se encuentra operando desde 1992.

¿Qué dejó el año 2020 y cómo entran a 2021?

El año 2020 fue muy difícil, ya sobre 2019 veníamos con valores de celulosa en baja, lo que nos hacía presumir una baja de precios en la madera, que de pronto derivó en algo peor, que fue la muy escasa demanda, que sólo cubría el primer semestre de 2020 y nos permitía deshacernos de maderas ya producidas. Esta situación tuvo efectos negativos directos sobre las empresas que nos prestan el servicio de cosechas, ya que tuvieron que detener sus actividades. Y para el segundo semestre de 2020 se sumó el efecto provocado por la pandemia, lo que derivó en la paralización total de actividades, tanto en cosechas, como transporte, chipeado y exportación.

Como vimos que la reactivación de la actividad iba a comenzar en Asia, principalmente en China, apuntamos nuestras baterías hacia ese mercado y, con todo éxito, logramos abrir ese mercado para nuestros chips de Eucalyptus globulus, concretando la venta de un importante volumen para 2021.

Y con una tendencia a la suba de precios de la celulosa, también nuestros clientes de Portugal comenzaron a demandar madera para este año, por lo que el volumen total acordado con ambos mercados nos devuelve a una situación de normalidad en cuanto a volúmenes, sin perjuicio de una baja en los precios. Pero lo importante era volver a reactivar la actividad en lo local, recuperando puestos de trabajo perdidos, rescatando a la gente del seguro de paro.

 

¿Qué opinión tiene sobre el proyecto de ley forestal promovido por Cabildo Abierto?

Quienes llevamos muchos años en el sector forestal sabemos que pegarle a la forestación rinde en términos de votos y, aunque lamentamos que perdure esta forma de hacer política —porque hace mucho daño a la actividad—, siempre habrá alguien tratando de sacar rédito de esta manera.

La ley en sí adolece de tantos defectos técnicos que tengo la certeza que, si prima la cordura, no se aprobará. Lo lamentable en este juego de la política es que a vía de transacción algo se modificará en perjuicio del sector y los productores a quienes dicen defender.

Pero lo peor que tiene esta ley es pretender dirigir a un productor en cuanto a qué debe o no debe hacer en su propiedad, sin importarle el daño que le provoca a esa persona, ya que cualquier limitación a su derecho impactará en el valor de su tierra o en los ingresos que pueda obtener por la vía de lo que puede producir en ella, o el valor de la renta a que puede aspirar.

No existe en Uruguay un sector tan regulado como el forestal, donde por la vía de leyes o decretos se ha regulado con lujo de detalles esta actividad. Hasta hace un tiempo podíamos de antemano saber a qué condicionantes debía atenernos para llevar adelante un proyecto forestal.

Hoy, y por la vía de los hechos, esa certeza ya no la tenemos, sino que hay situaciones que generan incertidumbre al momento de encarar un proyecto, ya que DINAMA, puede por sí modificar los proyectos, prohibiendo, o modificando, siempre jugando al achique, las áreas que se propone plantar, afectando de forma muy importante los resultados del proyecto.

No hay reglas claras, a tal punto que, donde hay dudas, se dejan de hacer negocios, afectando a mucha gente.

Sobre esto sí habría que trabajar, con información objetiva, sin preconceptos.

 

¿Competitivamente, el sector forestal uruguayo dónde se encuentra parado?

En el mercado internacional estamos muy bien posicionados con la producción del Eucalyptus globulus, que es una materia prima de primera calidad para muchos productos, sea papel de escritura como tissues, viscosa, etc.

Por nuestra ubicación geográfica, somos muy competitivos en Europa, por razones de distancia de navegación, y un poco menos en Asia donde debemos competir con el globulus chileno.

Lo que realmente afecta nuestra competitividad es la dolarización de nuestra economía que hace que casi todos los servicios estén cotizados en dólares, por lo que los incrementos del tipo de cambio, no siempre podemos aprovecharlos para ser más competitivos.

Situación opuesta a lo que ocurre en Brasil y Chile, donde los servicios se pagan en la moneda local y las devaluaciones de la moneda generalmente la trasladan a precios, haciéndolos muy competitivos.

Sin perjuicio de esa realidad, la exportación de chips siempre ha logrado un espacio en el mercado, no sólo por precio, sino también en base a valores como la seriedad, cumplimiento de obligaciones, y productos de alta calidad.

Y la importancia que este sector tiene, desarrollado en el sureste de nuestro país, donde predomina el pequeño y mediano productor agropecuario que ha encontrado en esta variedad de madera, un cultivo que le permite incrementar sus ingresos, ayudando a que permanezca en el sector productivo, evitándole la tentación de vender su propiedad para irse a la ciudad a procurar vivir de rentas, situación que no siempre termina bien.

Y para el mercado de la madera en general, la exportación genera un valor de referencia muy transparente.