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De acuerdo al informe del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), en base a la información de la Red Uruguaya de Monitoreo de Chicarrita del Maíz (RUMCI), se ha detectado un incremento en la población del vector y genera preocupación en los maíces sembrados tardíamente. 

En los maíces de primera, no se prevé un impacto significativo del achaparramiento, dado que las primeras detecciones del vector ocurrieron cuando los cultivos se encontraban en etapas tardías, fuera del período crítico de mayor susceptibilidad. Esta condición reduce de forma sustantiva el riesgo de pérdidas productivas asociadas a la enfermedad.

En los maíces de segunda, el escenario es más dinámico. Desde la semana pasada, la RUMCI viene registrando un incremento de la población del vector a nivel país. No obstante, una parte relevante de estos cultivos ya ha superado el período de mayor riesgo sanitario, al haber atravesado las primeras etapas del desarrollo vegetativo.

La atención se concentra especialmente en los lotes sembrados tardíamente y en aquellos que aún no han superado el estadio V10.

El vector y la enfermedad asociada

La chicharrita del maíz es un insecto hemíptero que se alimenta del floema y actúa como vector exclusivo de los patógenos responsables del complejo del achaparramiento del maíz, integrado por fitoplasmas y espiroplasmas.

El insecto se localiza preferentemente en el cogollo y las hojas jóvenes, donde se alimenta y puede adquirir o transmitir los patógenos, destacándose por su alta movilidad y capacidad de dispersión entre lotes y regiones.

El achaparramiento del maíz es una enfermedad de comportamiento complejo cuya severidad está estrechamente vinculada a la etapa fenológica del cultivo al momento de la infección. Las infecciones tempranas, desde emergencia hasta V10, son las que generan los mayores impactos productivos.

Síntomas y efectos productivos

Los principales signos observados en plantas afectadas incluyen reducción del crecimiento, acortamiento de entrenudos, enrojecimiento o amarillamiento de hojas, malformación de espigas y una consecuente disminución del rendimiento.

Cuando la infección se produce en etapas avanzadas del ciclo, el impacto económico tiende a ser menor, aunque la presencia del vector mantiene la alerta sanitaria.

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